PARASHÁ BEHAR-BEJUKOTAY

Un día como hoy, el Eterno habló a Moshe en el monte Sinaí y le dijo: “Habla a los hijos de Israel y diles: cuando entréis en la tierra que voy a daros, guardará la tierra DESCANSO, descanso en nombre del Eterno. Seis años sembrarás tu campo, y seis años podarás tu viña y recogerás su producto; y en el séptimo SHABAT (cesación) de DESCANSO será para la TIERRA; SHABAT en nombre del Eterno…” Vayikra (Levítico) 25:1-4

SINOPSIS Y REFLEXIONES
PARASHÁ BEHAR-BEJUKOTAY

Parashá Behar-Bejukotay (5/16/2020)

1a Aliyah Vayikra 25:1-18

2a Aliyah Vayikra 25:19-28

3a Aliyah Vayikra 25:29-38

4a Aliyah Vayikra 25:39-26:9

5a Aliyah Vayikra 26:10-46

6a Aliyah Vayikra 27:1-15

7a Aliyah Vayikra 27:16-34

Maftir: Vayikra 27:32-34

Haftará: Irmehía (Jeremías) 16:19-17:14

CR: Mattityahu (Mateo) 25:1-28:20

Parashá Behar (En la montaña) No 32 Parashá Bejukotay (En mis estatutos) No 33

Un día como hoy, el Eterno habló a Moshe en el monte Sinaí y le dijo: “Habla a los hijos de Israel y diles: cuando entréis en la tierra que voy a daros, guardará la tierra DESCANSO, descanso en nombre del Eterno. Seis años sembrarás tu campo, y seis años podarás tu viña y recogerás su producto; y en el séptimo SHABAT (cesación) de DESCANSO será para la TIERRA; SHABAT en nombre del Eterno…” Vayikra (Levítico) 25:1-4

El Talmud nos habla de este día; lo que conocemos como AÑO SABÁTICO llamado en hebreo SHEMITÁ (dejar-soltar). Todo séptimo año es calculado desde el año de la creación del mundo.
Estas direcciones fueron instauradas y fijadas por el Eterno a perpetuidad a través de Moshe Rabenu para el pueblo de Israel y toda la humanidad. “Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás…” Shemot (Éxodo) 34:21

El mismo Hashem DESCANSÓ: “Y terminó Di-s en el séptimo día, la obra que había hecho y DESCANSO en el día séptimo de toda la obra que hizo” Bereshit (Génesis) 2:2

¿Y cómo descansa la tierra? La Tierra es contaminada cuando recibe la energía negativa y pecaminosa de los hombres y es dañada irremediablemente cada vez que este camina sobre ella. Por ello, la Tierra necesita el año Sabático-Shemitá para ser liberada de toda esa impureza e inmundicia, la cual es liberada cuando absorbe la fuerza fundamental que el hombre recibe de lo alto cuando guarda Shabat. El Zohar dice que el séptimo año representa, según nuestros sabios, la energía expansiva para preparar la segunda venida de nuestro santo Ribi; su Majestad, el judío Yehoshúa Hamashiaj de la Casa de David.

Los códigos que envuelven la palabra Tierra הארץ Haaretz, tiene un valor matemático reducido de 8 y el nombre bendito, el Tetragramatón יהוה tiene el mismo valor 8.
En el año Sabático, la “espiritualidad” toma preeminencia sobre el mundo “material”. Y aunque toda la humanidad no trabaje en el año de descanso, la tierra producirá tres veces más que si hubiera trabajado; producción prodigiosa que escapa de toda lógica humana y de todo entendimiento.

Y en Shabat y el año de la Shemitá, ¿como sucede este gran acontecimiento? La energía purificadora y modeladora que Hashem usó en toda la creación desciende hoy del altar del Bet Hamikdash del cielo en forma de fuego, el mismo que acompañó en las noches durante cuarenta años en el desierto al pueblo de Israel. Esta llama atraviesa el cuerpo y el alma, baja por nuestra cabeza (Keter-Corona) y cae como cascada por todo el cuerpo purificando nuestros órganos, células, huesos, los sentidos, nuestra piel, electrolitos, electromagnéticos, neuronas, mente y las diez emanaciones cósmicas (Sefirot) que son purificadas en este día. La paz invade tu cuerpo y alma, entonces la Shejina entra y mora contigo.

La razón de todo esto es que toda la creación fue hecha desde un mundo espiritual, donde las leyes que le rigen son totalmente disímiles a las nuestras, donde “un día son como mil años”. Desde este mundo invisible, intangible, pero cierto o real, todo, absolutamente todo, se exponencializa dándole un carácter ante nuestros ojos como de sobrenatural o como llamamos a estos fenómenos, “milagros”.

Es imposible pretender separar lo “material” de lo “espiritual”. El mundo físico es sustentado por el mundo espiritual, por el poder de lo que no se ve…, por ejemplo, la fuerza gravitacional, la electricidad, la inercia, el aire que respiramos. Es un mundo ininteligible, porque aunque no lo veas, ni lo entiendas, es parte de tu existencia en este paso por esta vida terrena.

La parashá Bejukotay (mis decretos) parece invitarnos a cabalgar sobre los pálidos lomos del unicornio que apunta con su único cuerno a los cielos etéreos, como si quisiera recordarnos que la Torá se originó a fuego puro en los talleres del séptimo cielo.

Esta parashá describe en detalle el “presente”, el regalo de la Torá, y al abrirlo encontramos la Ketuvah-el pacto con su novia, el pueblo de Israel, juntos por toda una eternidad; sus estatutos son como el derrame del panal, promesas de amor generacional que no conoce el desamor.
Uno de los miles de regalos encontrados en el cofre de la Torá emet, es que recibirás la lluvia temprana y la tardía. La temprana nos narra tu vida llena de bendiciones, donde el universo mismo en complicidad con los malajim (ángeles), se cercioran que la recibas.

La tardía, son bendiciones que descansan en las columnas milenarias de dos mil años de generaciones atrás; ellas “correrán detrás de ti, hasta alcanzarte” y te empaparán con las aguas de “arriba” y las de “abajo” y se fundirán con tus aguas naturales y espirituales y serán transformadas en aguas vivas… ¡Aguas de vida!

Entonces llenarás las ánforas vacías de tu “querer” con la fuerza del “hacer” y el “quehacer” que descienden de las minas milenarias del entendimiento.

Por: Yehoshúa (Jesús) Villarreal I.

Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham

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