PARASHA BEMIDBAR

Bemidbár – en el desierto – Parashá No. 34, cuarto libro de la Torá. El epicentro de esta Parashá se enfoca en las matemáticas existenciales del pueblo escogido, Israel. Es el conteo o censo desde la salida de Egipto hasta la entrada en la tierra prometida Eretz Israel.

SINOPSIS Y REFLEXIONES
PARASHÁ BEMIDBÁR

Parashá Bemidbár (5/23/2020)

(Shabat Mevarchim- precede a Rosh Jodesh-cambia la Haftará)

1a Aliyah Bemidbár 1:1-19

2a Aliyah Bemidbár 1:20-54

3a Aliyah Bemidbár 2:1-34

4a Aliyah Bemidbár 3:1-13

5a Aliyah Bemidbár 3:14-39

6a Aliyah Bemidbár 3:40-51

7a Aliyah Bemidbár 4:1-20

Maftir: Bemidbár 4:17-20

Haftará: I Shemuel (Samuel) 20:18-42

CR: Yohanán (Juan) 1:1-2:25

Bemidbár – en el desierto – Parashá No. 34, cuarto libro de la Torá. El epicentro de esta Parashá se enfoca en las matemáticas existenciales del pueblo escogido, Israel. Es el conteo o censo desde la salida de Egipto hasta la entrada en la tierra prometida Eretz Israel.

Fueron cuatro los censos que tuvieron lugar en esos tiempos cuando deambularon por el desierto durante cuarenta años, acompañados por la Shejina del Eterno; tiempo lleno de milagros, prodigios y señales evidenciados en la historia, en la ciencia y en los anales de las memorias de los cielos; sucesos testimoniados en la Torá, los Profetas y el Hasofer HaMaljutí o Código Real como instrumento al alcance de todos.

El primer censo fue al salir de Egipto; el segundo después del Éguel (el pecado del becerro de oro) cuando murieron aproximadamente 3.000 personas; el tercero fue posterior a la inauguración del santuario, que es al que hace mención esta Parashá Bemidbár; y el cuarto y ultimo, se hizo en Arbót Moáb antes de entrar a tomar posesión de Eretz Israel.

Nuestros sabios cuentan que la Torá contiene 600.000 letras, estas se corresponden a los 600.000 judíos que existían cuando el pueblo de Israel se convirtió en nación. Ellos descubrieron un acróstico en esta frase: “Hay 600.000 letras en la Torá” que al traducirla al hebreo sería:

וש ששום רבו א אותיות לתור ה
Iesh Shishím Ribó Otiot La Tora
O lo que es lo mismo: ושראל / ISRAEL

En este censo los levitas, los únicos que no fueron esclavizados en Egipto, no fueron contados con todo el pueblo de Israel, sino por aparte. Faraón temía que este pueblo “aumentara” y se hiciera más fuerte que ellos. Hashem exacerbó ese temor en faraón y “aumentó” sobrenaturalmente a Su pueblo Israel con partos múltiples. Las mujeres israelitas tenían hasta seis hijos por parto, mientras que las mujeres de los levitas parían un solo hijo por parto natural; por ello, los levitas eran “minoría”.

Otra de las razones por la cual eran “minoría”, fue la acción inteligente de los leviím, de separarse de sus esposas cuando faraón mandó matar a todos los bebés, siguiendo el consejo de Amram (padre de Moshe).

Los leviím no participaron del Éguel (el pecado del becerro de oro), y esta acción de fidelidad les mereció el reconocimiento y el gran honor por parte del Eterno de nombrarlos primogénitos por encima de los primogénitos, los cuales perdieron el privilegio del servicio a Di-s por el pecado de idolatría. Hashem escoge al “minoritario”, al débil, al perseguido para su Avodah Hashem o servicio espiritual.

Un día el tájash fue a beber agua en la laguna de los cuatro vientos, vio reflejado en el cristal de sus aguas apacibles cuán hermoso era su cuerpo; lucía como un caballo real de belleza inusitada, con piel de siete colores platinados y un cuerno reluciente en su frente que parecía apuntar a los cielos, como dando a conocer al gran artista que lo modeló.

Con su fino oído alcanzó a escuchar el correr de los Malajim (ángeles) y sus voces que hablaban presurosamente del acontecimiento que sucedía en la Tierra: se estaba levantando un Mishkán, una replica exacta al Mishkán de los cielos.

Todos los utensilios estaban dispuestos: la Menorah; la mesa del pan de la proposición; el arca y todas las banderas de colores de las doce tribus, cada una con su propio estandarte de colores y diseños alusivos a cada una de ellas; los parojot (cortinas) de lana color tejélet (azul) que representa las esferas celestiales y la fe del Eterno.

Pero en medio de esta algarabía de celestial festejo había un dejo de tristeza; se requería una hermosa criatura digna de cubrir con su piel los utensilios purificados, representantes de la santidad del lugar más santísimo, el “Sanctasanctórum” del Tabernáculo o Mishkán.

No había ni en la tierra, ni en los cielos, una criatura digna de inmolarse para tan encomiable ofrecimiento…unir los cielos con la tierra y volverse uno con el Eterno.

El elegante tájash, unicornio de colores, levantó su cabeza de la laguna donde calmaba su sed y fijó sus ojos hacia donde escapaban las voces que corrían para anidarse en la recepción de sus oídos.

Su corazón comenzó a golpear su pecho como el cautivo al que le fue negada la luz de un nuevo día…y de todos los días.

Sin pensarlo dos veces, el gallardo corcel enrumbo su carrera hacía donde salían las voces. Jadeante se paró frente a los malajim (ángeles), que deliberaban sobre el asunto de quién se inmolaría, para unir los cielos con la tierra por su magnanime sacrificio.

– ¡Yo! dijo con firmeza el esbelto tájash. ¡Yo me inmolaré por los cielos y todas las criaturas del planeta Tierra.

– ¿Por qué piensas que eres el elegido entre todas las criaturas?

– Porque en mi cuerpo porto los siete colores que uso el Hacedor para crear y colorear el micro y el macro cosmos. Represento la paleta de colores del Artista de artistas para crear Su gran obra maestra…el universo, preñado de muchos universos. Fui creado para morar sólo en el cielo; pero descenderé a la tierra para cubrir con mi piel multicolor los utensilios del Mishkán terrenal, y alabarlo a Él desde ahora y para siempre.

Hubo silencio en todo el ambiente y toda la naturaleza enmudeció. El malaj (ángel) que parecía el comandante de aquel concilio dijo:

– ¡Sea hecho como dice el tájash, el unicornio de los siete colores!

“Y lo pondrán con todos sus utensilios dentro de una cubierta de pieles de tájash,
y lo pondrán sobre las varas.” Bemidbár (Números) 4:10

Por: Yehoshúa (Jesús) Villarreal I.
Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham

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