PARASHÁ KORAJ – KORAH

Estudiamos esta semana la parasháh Koraj (Coré en las versiones cristianas) uno de los líderes naturales de Israel en los días de Moshé.

Pues bien, dentro de la congregación de Israel,  un grupo de levitas dirigidos por Koraj y otro grupo de la tribu de Reubén comandados por Datán, Aviram y On, se levantaron contra Moshé y Aharón.

Participaron en la rebelión, doscientos cincuenta hombres y ambos grupos reclamaban para sí, el liderazgo tanto de Moisés como de Aharón.

¿Cuál fue el argumento de Koraj?

“Mira, todos somos santos”, les dice Koraj; o sea, que él y su familia eran, como Moisés y Aarón, todos, sin excepción,  miembros de la tribu sagrada de Leví.

Como tal, argumentó Koraj, todos deberíamos tener el mismo derecho sobre el sacerdocio, por lo que no había razón para que Aarón y sus descendientes fueran los únicos kohanim (sacerdotes) que sirven en el santuario de Israel.

Mediante señales milagrosas donde se puso en la balanza la propia vida de los rebeldes, Dios demostró que Moshé era el líder legítimo de Israel y Koraj, Datán y Avirám, juntamente con On, no tenían razón ninguna para rebelarse y reclamar para sí el oficio y funciones tanto de Moshé como de Aharón.

La tierra se abrió y tragó a los rebeldes y todos sus bienes. El resto de la congregación huyó asustada por lo ocurrido.

No obstante, al día siguiente, otro grupo, aun mayor,  volvieron a quejarse y murmurar contra Moshé ahora haciendo responsable a  Moshé, de la muerte de Koraj y sus seguidores.

La indignación de Dios hizo serios estragos entre los rebeldes y vino una plaga donde murieron catorce mil setecientas personas.

A no ser por la intervención de Moshé  que ordenó a Aharón tomar el incensario y poner en el fuego del altar y transitarlo por la congregación a modo de expiación por el pueblo, la plaga habría mermado la vida de muchos más.

Para que el resto de la comunidad y las generaciones por venir aprendiéramos la lección de no levantar nuestros labios contra los elegidos de Dios, Moshé ordenó a cada jefe de tribu que entregaran a Aharón un bastón o vara, por cada tribu y que cada jefe grabara su nombre en su vara.

Por supuesto, la vara o el bastón  de la tribu de Leví llevaría grabado el nombre de Aharón.

Todas las varas debían ser colocadas en el tabernáculo de reunión, es decir, a la vista del territorio perteneciente a Dios.

Al día siguiente, todo el mundo fue testigo de que  todas las varas colocadas representando las tribus de Israel se habían secado, excepto  la vara  de la tribu de Leví, donde estaba escrito el nombre de Aharón.

Esta vara no solamente no se había secado, sino que  había florecido con almendras, lo que indicó el Todopoderoso había elegido a Aharón como Cohén Gadol de manera irrefutable.

Este rama de almendra florecida,  fue colocada en el lugar santísimo, frente al Arca del Pacto.

¿Qué más documenta la parashá?

En esta parashá se documenta que, como ni los Cohanim ni los Levi’im (sacerdotes y levitas) no reciben una porción de la tierra de Israel como herencia, serían sostenidos por las contribuciones del pueblo,mediante bicurim (primicias de sus frutos), pidión bejorim (rescate de los primogénitos) y el mazer (diezmo separado de los israelitas).

¿Qué podemos aprender nosotros, cuatro milenios después de  este incidente, en pleno siglo 21?

Dos cosas básicas aprendemos:

Primero:  Cuidarnos de lo que hablamos y de qué nos quejamos.

Lo aprendemos de rama de almendra florecida que  fue colocada en el lugar santísimo, frente al Arca del Pacto.

Está claro que esta acción fue dada como señal  para las futuras generaciones, de las terribles consecuencias que tendría para una persona y familia, levantar su mano contra los elegidos de Dios y hablar lashón hará (dar mal testimonio o pasar mal la información) contra los elegidos por Dios para llevar la obra divinamente encomendada.

Segundo: Cuidarnos de los que usan buenos argumentos sólo para esconder sus agendas secretas de poder y dominio.

Un antiguo midrash relacionó el intento de rebelión de Koraj y su séquito,  con lo que precedió inmediatamente a este  relato de la Torá: la ley de los flequillos de color azul, como se documenta en Bamidbar   15: 37-41, donde está escrito:

“ También habló  YHWH  a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones, y que pongan en el fleco de cada borde un cordón azul”.

¿Para qué serviría ese fleco o cordón de color azul en los vestidos de los israelitas?

Continúa el texto:

“Y os servirá el fleco, para que cuando los veáis, os acordéis de  todos los mandamientos del Señor, a fin de que los cumplan y no sigan  tras vuestro corazón ni vuestros ojos, tras los cuales os habéis prostituido”.

¿Y para qué más serían apropiados esos flecos azules?

Concluye el texto diciendo:

“Para que os acordéis de cumplir todos mis mandamientos y seáis  santos a vuestro Dios.  Yo soy el Señor vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo soy el Señor vuestro Dios”.

Los sabios antiguos  nos legaron el estilo literario a nivel Drash, conocidos como Midrash que forma parte de PARDES, las cuatro formas clásicas de interpretación de la Toráh que existen, a saber, Peshat, Remez, Drash y Sod.

El Midrash se corresponde con la tercera categoría dentro de PARDES y por tanto es un modelo de interpretación bíblica donde se va más allá del simple texto y se investiga profundamente el valor de las palabras y  las letras y marcas del texto, y en ocasiones  reconstruyendo las  lecturas mediante narrativas que suplan algunas entre los textos, etc., para investigar profundamente el texto y encontrar allí lecciones escondidas que no serían encontradas a simple vista.

Los sabios que se especializaron en  este modelo donde se analizan las palabras del texto, detrás del texto, más allá del texto y se enfoca cada letra, cada marca del texto, fueron conocidos como midrashistas.

Pues bien, los “midrashistas”  a veces preguntaban cuál era la conexión entre dos elementos aparentemente no relacionados que aparecen uno después del siguiente en la Torá (incluso cuando, como en este caso, ocurren en dos lecturas diferentes de la Torá, el final de la semana pasada y el comienzo de esta semana) .

En el caso de Koraj, los intérpretes  (midrashistas) preguntaron si la ley de los flecos azules podría haber tenido algo que ver con el  intento de rebelión de Koráj.

Después de todo, poner flecos de tela  teñidos con una tinta llamada tejelet,  de color azulado en las cuatro esquinas de una prenda sin duda sería costoso.

Para que tengamos una idea,  el color azulado para teñir la ropa, al que hace referencia la Toráh, se obtenía de un molusco que crecía en la ribera del Mediterráneo. Para producir dos gramos de ese tinte, se requerían no menos de 12 mil moluscos. ¡Imagínate el costo!

Llevar ropa azul, era visto como exclusiva de los reyes y los ricos, los únicos que podían llevar tan extraordinaria ropa teñida de ese azul llamado, azul de la realeza, porque solamente los reyes podrían pagar los altos costos de ese tipo de telas.

¿Por qué la Toráh menciona la rebelión de Koráj después de la instrucción del uso del fleco azul en la ropa de los israelitas?, se preguntaban los midrashistas antiguos.

Un texto midráshico  del libro de Bamidbar (Números) enseña que  después de que Moisés promulgó la ley de las flecos azules, Koraḥ exclamó: “¿Por qué se impone una ley tan costosa e  insoportable sobre nosotros?”

Según este relato, Koraj inmediatamente le preguntó a Moisés: “¿Una prenda que ya ha sido teñida completamente de  tejelet todavía necesita la un fleco  de color tejelet en sus cuatro esquinas?”

“Sí”, respondió Moisés.

“Y una habitación que está llena de rollos de Torá, ¿todavía necesita una mezuzá en la puerta?” “Sí”, respondió Moisés nuevamente.

Está claro que Koraj estaba tratando de impugnar la autoridad de Moisés al mostrar que las leyes que transmitía eran ilógicas.

Después de todo, si ver un solo hilo del color tejelet (azul celeste)  sirvió para recordar a la gente los accesorios del Mishkán (tabernáculo) y las vestiduras sacerdotales, y por lo tanto los llevó a recordar la santidad de Dios y a buscar ser santos ellos mismos, entonces, seguramente, esa conexión ¡podría hacerse mucho más llamativa con una prenda que fuera completamente de color tejelet!  ¿Por qué necesitaría un hilo de color azul especial?

Y si la mezuzá (la pequeña cajita conteniendo rollo pequeño de la Toráh colocada en los marcos de las puertas de las casas judías), tenía la intención de recordar a los hijos de Israel los mandamientos de la Torá, ¿no sería ese acto de recordar mucho más completo si uno entrara en una habitación llena de rollos de la Torá? ¿Tal habitación  necesitaría todavía  la mezuzá en su entrada?

Pero había un mensaje oculto en estas dos preguntas.

Lo que estaba en la mente de Koraj era el estado especial de Aarón y sus descendientes. “Todos somos levitas”, había dicho Koraj, y en ese sentido todos tenían  hilos iguales en una prenda de tejelet. Si es así, ¿por qué destacar un hilo en particular —Aarón y sus descendientes— de todos los demás?

Del mismo modo, si todos los levitas fueran comparables a una habitación llena de rollos de la Torá, todos ellos conteniendo las palabras de Dios, ¿por qué se debe seleccionar un pequeño pergamino especial y ponerlo en la entrada de la habitación?

Quizás es por eso por lo que la rebelión de Koraj fue vista por los rabinos como tan insidiosa. Koraj era un político  inteligente, pero egoísta,  que sólo intentaba proteger su propio beneficio, y logró enmascarar sus intenciones a fin de persuadir a otras personas de que en realidad era su representante para oponerse al liderazgo establecido por Dios.

Fue una irrespetuosa táctica, pero funcionó para Koraj por un tiempo, y ciertamente ha funcionado desde entonces.

Cuando alguien tiene agendas escondidas, podría usar argumentos muy razonables y plausibles para socavar la autoridad, cuando en realidad su intención no es proteger el oficio, sino reemplazarlo por sus propios intereses personales.

Koraj era un revoltoso empeñado en construir una coalición para desafiar el status quo, no porque realmente tuviera cuidado del pueblo, sino porque quería ocupar la posición de gobierno para su propio beneficio.

Se requiere mucha sabiduría del Cielo para discernir las auténticas objeciones buscando el bien común, de las quejas arbitrarias levantadas solamente para satisfacer el ego personal y la sed de poder.

Lo primero tiene su lugar y procede. Lo segundo no tiene espacio en la comunidad de Israel, como tampoco debería tenerlo en nuestras naciones.

Conclusión: No olvides las dos grandes lecciones de nuestra parashá:

Primero:  Cuidarnos de lo que hablamos y de qué nos quejamos.

Segundo: Cuidarnos de los que usan buenos argumentos solo para esconder sus agendas secretas de poder y dominio.

Shabat Shalom.

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