Parasha Vayikra 26

Sabido es que, al comenzar la escuela hebrea, los niños de la casa de Israel normalmente lo hacen estudiando el tercer libro de Moshé, Vayikrá, la misma porción que nos corresponde estudiar este Shabat.

Sabido es que, al comenzar la escuela hebrea, los niños de la casa de Israel normalmente lo hacen estudiando el tercer libro de Moshé, Vayikrá, la misma porción que nos corresponde estudiar este Shabat.

Ya ha sido notado por los sabios que la primera palabra de este libro de la Torá, Vaikrá, está escrita con una Alef diminuta. Los niños parecen asociar la minúscula con su propio pequeño tamaño.

Rashi dice que, sin la ALEF, la palabra se leería Vaikar, lo cual hubiera significado que la visión Divina vino a Moisés abruptamente, sin preparación, justo como está dicho de la Divina visión que vino al malvado Bilám (Números 23:4). Con la ALEF, la palabra es Vaikrá, una expresión de cariño, en donde Di-s llamó a Moisés y lo invitó dentro de la presencia Divina con amor y dignidad.

Dado que Moisés apuntó la Torá como Di-s la dictó a él, él estaba en un dilema con la palabra Vaikrá. En su profunda humildad, Moisés no deseó ufanarse que Di-s le había acordado especial honor y distinción. Moisés hubiera preferido omitir la ALEF, y dejar al pueblo leer Vaikar. Sin embargo, dado que él no podía desobedecer el dictado Divino se comprometió escribiendo una diminuta que podría no ser tan notable.

Un gran maestro hizo notar lo siguiente:

“Algunas personas piensan que humildad significa que uno no debería estar consciente de sus propias destrezas y capacidades. Ellos desearían que el hombre sabio se considerase él mismo estúpido, el erudito se considerase a sí mismo ignorante, y el consumado músico se considerase él mismo sordo. Sin embargo, esto no sería humildad, sino autoengaño”.

¿Sabía Moisés que Di-s lo amaba? Por supuesto que él sabía. ¿Estaba Moisés consciente de que él había logrado un nivel de espiritualidad sin igual para cualquier otro ser humano? Por supuesto que él estaba. ¿Sabía él que era el más grande de los profetas de todos los tiempos, superado solamente por el Mashiaj? Por supuesto que él sabía.

Pero este conocimiento de sí mismo no hizo a Moisés ser vano o arrogante. La Torá testifica que Moisés era “El más humilde de todos los hombres sobre la Tierra” (Números 12:3). Moisés estaba listo para entregar su vida por todo individuo. Cuando la rebelión de Kóraj estalló, el gran líder no se sentó en su cuartel general y ordenó que sus adversarios fueran destruidos, sino fue personalmente ante cada uno de ellos, rogándoles que terminaran su rebelión y salvaran sus vidas. “No es a Aarón y yo mismo a quienes ustedes están desafiando, pues ¿qué somos nosotros, después de todo?”.

Moisés nos enseñó humildad. Él conocía su grandeza, pero ella no trastornó su cabeza.

Y así tenemos la ALEF diminuta que nos instruye que aún cuando la grandeza de uno es evidente e innegable, uno no tiene que jactarse acerca de ella.

Luego vino uno, MAYOR QUE MOSHE, y ante la pregunta de un joven judío: “¿Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para entrar en la vida?”, respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Solamente hay UNO bueno, el Padre”.
Yeshua es el máximo ejemplo de humildad. Estando en forma de Elohim, no tomó esa posición como algo a qué aferrarse, sino que se vació a sí mismo, haciéndose obediente como hombre, y aun siendo hombre, se humilló aún más, como siervo, y estando en la condición de siervo, se humilló aún más, aceptando la muerte y no cualquier forma de muerte, sino la más vil, bárbara y cruel de todas.

Por amor a nosotros, siendo rico, se hizo pobre, para que nosotros por su pobreza, tuviéramos acceso a su riqueza.

Y suyas son estas palabras:

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.

Y dijo, además: “Yo no busco mi propia gloria, sino la del que me envió, el Padre”.

Y también dijo: “Gloria de los hombres no recibo”. Lo mismo exigió de sus talmidim: “Si alguno quiere ser mi estudiante, niéguese a sí mismo, tome su madero y siéntese a mis pies a aprender Toràh”.

Cuando los suyos pidieron que fuera clavado en un madero, no los maldijo, sino que oró diciendo: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Nosotros nos referimos a Moisés como “Moshé Rabenu”, nuestro Maestro. Pero él sólo puede ser nuestro maestro si aprendemos de él.

También nos referimos a Yeshua como Yeshua Rabenu, solamente él puede ser nuestro maestro si vivimos en él y él en nosotros. Esa es la diferencia entre Moisés y Yeshua.

Que pases una semana alegre.

1
Deja un comentario

avatar
Los más nuevos Más antiguo Más votado
limanes jean
Miembro

Excelente palabras de sabiduría, gloria al Eterno por todo ese manjar que el nos ha permitido tener a nuestra disposición.