SINOPSIS Y REFLEXIONES PARASHÓT NITZAVÍM #51-VAIÉLEJ #52

Tal vez estamos hablando de una de las Parashót más hermosas, una de las que consolida el Pacto más importante y poderoso por su intemporalidad, ya que trasciende los tiempos más allá de nuestro entendimiento finito. Somos portadores de una alforja llena de lógica humana; pero en esta ocasión es llenada de un gran entendimiento y sabiduría que desciende de lo Alto y preña nuestro entendimiento, el cual nos permitirá percibir cómo las leyes naturales confabulan a favor de nuestra existencia y descendencia.

Parashót Nitzavím-Vaiélej (9/12/2020)

1: Devarim 29:9-28
2: Devarim 30:1-6
3: Devarim 30:7-14
4: Devarim 30:15-31:6
5: Devarim 31:7-13
6: Devarim 31:14-19
7: Devarim 31:20-30
Maftir: Devarim 31:28-30
Haftará: Yeshayahu (Isaías) 61:10 – 63:9
CR: Maro’t Elohim 17:1-18:24

Tal vez estamos hablando de una de las Parashót más hermosas, una de las que consolida el Pacto más importante y poderoso por su intemporalidad, ya que trasciende los tiempos más allá de nuestro entendimiento finito. Somos portadores de una alforja llena de lógica humana; pero en esta ocasión es llenada de un gran entendimiento y sabiduría que desciende de lo Alto y preña nuestro entendimiento, el cual nos permitirá percibir cómo las leyes naturales confabulan a favor de nuestra existencia y descendencia.

La parashá Nitzavím (estáis parados) también es connotativa de firmeza ya que establece al pueblo Israel como un pueblo firme, parado y sustentado sobre los preceptos y estatutos de la Torá, respaldado por la anuencia divina y sustentado en un Pacto sempiterno.

Estas parashót, Nitzavím y Vaiélej (y fue), se juntan en esta ocasión para reafirmar el Pacto del cielo con la tierra. Es sembrar en el corazón de las doce tribus de Israel la responsabilidad de ayudarse unos a otros; es decir, cada una de las tribus es responsable por el bienestar espiritual y físico de cada uno de sus miembros. Vaiélej nos habla de la visita de Moshe Rabenu a cada una de las doce tribus para despedirse de su pueblo amado. En este día Moshe reunió a los jefes de tribus, a los más altos dignatarios, guardianes, jueces y príncipes, desde los más viejos a los más jóvenes, y a todo el pueblo para reintroducirlos en el Pacto de Di-s, y así de esta manera el pueblo asumiera responsabilidad como sociedad y como individuo.

Uno de los pasajes más extraordinarios de esta parashá es lo que el mismo Eterno dijo a través de Moshe: “…para que entren en el Pacto del Eterno, tu Di-s, y en el juramento que el Eterno, tu

Di-s, celebra hoy contigo. A fin de confirmarte hoy por pueblo suyo y para que Él sea para tí

Di-s, como te he hablado y como Él ha jurado a tus padres, Abraham, a Isaac y a Yaacob. Y no solamente con vosotros Yo hago este Pacto y este juramento, sino con aquel que esté aquí con nosotros hoy, delante del Eterno, nuestro Di-s, y también con aquel que no está aquí hoy con nosotros.” Devarim (Deuteronomio) 29:11-14

Obviamente cuando analizamos concienzudamente este Pacto con juramento, vemos como el pasado, el presente y el futuro son comprimidos por la Ruaj Hakodesh hasta que el zumo de los tres se vuelve uno; es decir, se eternizan ya que el que estuvo presente en este Pacto, también sus ancestros estuvieron allí, como también aquellos que aún no nacieron. Dicho de otra manera, aunque tu no estabas ese día, eres parte de ese Pacto y tu descendencia presente y ausente fueron también participes de este gran acontecimiento. De tal manera, que el tiempo se apartó para dar paso a la eternidad y consolidar esta inmortal alianza.

Los cielos y la tierra fueron testigos de este maravilloso acto de bondad por parte del Eterno. Los mismos cielos y la misma tierra de aquel entonces son los mismos que testifican hoy este gran Pacto que sigue y seguirá vigente por los siglos de los siglos. Dicen nuestros sabios: “Todo Israel son garantes y responsables moral y espiritualmente uno por el otro.” Nuestro libre albedrio se pone a prueba y es invitado a elegir entre la bendición y la maldición …entre la vida y la muerte.

“…elige la vida para que vivas tú y tu descendencia…” Devarim (Deuteronomio) 30:19

La parashá Vaiélej nos habla de la despedida de Moshe y su sucesor Yehoshúa. Hashem ordena a Moshe y a Yehoshúa escribir la Torá para enseñarla al pueblo, ya que ella será el recordatorio permanente de las raíces del pueblo Israel, la única nación del mundo que su constitución legislativa es la Torá. Hasta sus enemigos cuando se refieren al pueblo Israel, lo bendicen cuando dicen: “el pueblo del Libro”. Finalmente esta parashá nos deja ver la infinita bondad y amor del Eterno con sus hijos. Hasta el último momento de vida de Moshe, Él cuidó su integridad y su alma para que la transición de una dimensión a otra no fuera traumática para este hombre fiel de Hashem. El mismo día que iba a fallecer, Moshe estuvo escribiendo trece copias de la Torá, una para cada tribu y otra que quedaría como testigo guardada en el Arón Hakodesh o Arca de la Alianza. Entonces Hashem le dijo a Moshe: “Ha llegado tu hora, el sol debe recobrar su esplendor.” Esto distrajo a Moshe por un momento de su estudio y así fue que falleció este paladín de la Torá.

Otra de las grandes bendiciones de esta parashá es que cae siempre en Shabat, antes de Rosh Hashana; por ello, es que su cobertura divina se exponencializa.

Por: Yehoshúa Villarreal I.

Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham.

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Aida Ruiz Millán
Miembro

Gracias por esta Parashá tan buena nada sencillo ser responsables los unos de los otros y parece fácil escoger el camino correcto ojala así sea y Si hay algo agradable es ver cuando las historias tienen un final feliz pero cada vez que leo sobre Moshe Rabenu mi alma sigue sin comprender el porque no entró en la tierra prometida mi alma sigue en llanto por eso ojala alguien me explicara esa parte