COMPRADOR DE SUEÑOS

“Verdad compra, y no la vendas. Compra sabiduría, disciplina y entendimiento.” Mishlé (Proverbios) 23:23

Con esbeltez y gallardía a paso firme caminaba con la luz del sol que enrojecía el extraño y enigmático “Comprador de sueños”. Su mirada escrutaba todo lo que veía como proyección de holografía; descubría lo que había guardado en el cofre del palpitar de las criaturas de vacilante verdad, que se escondía como el ocaso del sol de cada día. Caminaba y caminaba sin prisa ni descanso por todo el bosque el Comprador, atravesaba la densa neblina del ermitaño de los tiempos que no se aparta.

Se escuchaba el susurro de los pequeños habitantes del bosque que murmuraban entre sí y se decían los unos a los otros:

– ¿Será a mí a quien busca el Comprador de sueños? -decía la vetusta lechuza de la noche-.

– ¡No! -dijo la hormiga- es a mí a quien comprará y me llevará con él porque carga ligera y trabajadora soy; organizo todo a mi paso dondequiera que voy.

De pronto irrumpió el viento con el zumbido de su voz, resopló fuerte y dijo:

– ¡Me comprará a mí, porque yo viajo con el tiempo y nadie sabe de donde vengo, ni a donde voy. Donde quiera que me lleve, y aunque no me lleve, yo estaré con él.

De repente, el agudo oído del Comprador detectó los susurros del viento y preguntó en alta voz:

– ¿Sabe alguno de ustedes quién me puede vender la Verdad?

Todas las criaturas del bosque se transfiguraron en un signo de interrogación, y a una sola voz, incluyendo los árboles, los pájaros, las piedras y hasta el riachuelo que decantaba el agua, preguntaron:

– ¿Quién es la Verdad? ¿Dónde vive? ¿Quién es su familia?

Con un suave movimiento de cabeza, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, dio media vuelta el Comprador y siguió su camino, sin hacer camino al andar porque ya estaba hecho por alguien Mayor que él.

Y empezó el Comprador a activar su voz como el pregonero de la mañana:

– ¿Dónde estás Verdad, que no te veo? No te escondas de mí porque “no soy pregonero”.

De pronto, unas delicadas manos separaban tímidamente los arbustos en medio de los matorrales y con ojos de asustada timidez y con voz quebrada por el frio del rocío de la mañana, alguien exclamó:

– ¿Me buscabas a mí?

– ¿Y quién eres tú? -preguntó con firmeza el decidido Comprador que atraviesa los tiempos del ayer, del hoy y del mañana que ya pasó.

– ¡Soy la Verdad!… -respondió ella.

El Comprador titubeo un poco y casi no daba crédito a lo que acababa de escuchar.

– ¡Ahhhh, entonces eres tú la que tanto buscaba! -dijo el Comprador- Quiero comprarte y llevarte a la tierra para que te conozcan; atravesar de norte a sur, de este a oeste en el tren del pensamiento, en el vagón de la mente para visitar a cada ser pensante en la noche y en el día.

– ¿Y por cuánto me comprarías? -preguntó pensativa la inmaculada Verdad.

– Te compraría con dos letras de oro fino labradas en los talleres verticales por el Escultor que funde sus piezas en el horno de los sueños; talladas con el cincel de la esperanza disyunta del amor líquido….

Pensativa quedó la Verdad por unos segundos, levantó la mirada con sus largas pestañas color azabache y preguntó:

– ¿Y que son esas letras?

– El Alef y la Tav -respondió el Comprador- la primera y la última letra del alfabeto Hebreo; las otras serán creadas con tu voz cuando cuentes la Verdad y cantes a través de ellas.

– ¿Y cuántas faltan? -exclamó la Verdad.

– Faltan veinte letras que serán forjadas en el horno de los sueños por el mismo Hacedor al canto de tu voz sin mancilla, sin la opacidad de la mentira que se disfraza con las vestiduras de tu verdad, para engañar a la humanidad.

– ¡Acepto! -respondió con firmeza la Verdad, verdad que no se marchita, ni languidece, ni se debilita, ni muere, porque es inmune al virus pérfido de la mentira.

– ¿Querías comprar algo más? -preguntó la Verdad.

– ¡Sí, por supuesto! -contestó el Comprador- busco a la Sabiduría…

Aún no había terminado la frase, cuando contestó relampagueante la Verdad.

– ¡Ella es mi vecina!

– ¡Vamos a buscarla! -dijo alegre el feliz Comprador.

Presurosos fueron en pos de la dama que todo lo sabe y caminaron hasta divisar a lo lejos la hermosa casita de la Sabiduría. ¡Tum, tum, tum! -dieron tres toques a la puerta-.

– ¿Quién es? -respondió la Sabiduría.

– Soy yo vecina, la Verdad, y traigo conmigo un amigo.

La Sabiduría abrió la puerta y con fina prestancia dijo:

– ¡Buenos días!, pasen adelante y tomen asiento. ¿Desean tomar algo?… Tengo un tecito caliente de hojas del saber, recogidas esta mañana del árbol de la vida; también tengo una sopita de prudencia con vegetales de la ciencia; unos granos de cordura, condimento de instrucción y sobre todo con muchas proteínas del conocimiento. Cada uno eligió lo que más le gustaba.

– ¿Qué los trae por aquí? -preguntó la Sabiduría.

– La verdad es que en verdad, -dijo la Verdad- el caballero aquí presente es el “Comprador de sueños” que viaja por todos los paisaje y avatares oníricos en busca de columnas hechas de virtuosismo templado para construir sueños.

– ¿Y qué tengo que ver yo en todo esto? -exclamó la sabia Sabiduría.

– ¡La visión! -contestó con firmeza el Comprador.

– ¿La visión? ¿De qué visión habla?…

– ¡Si, la visión! -replicó el modesto visitante-. Tú eres la única virtud que puede asomarse en la ventana de los tiempos y ver más allá de lo que nuestros ojos pueden ver; solo tú puedes asomarte por la hendija de la eternidad y ver lo que va a acontecer, lo que aconteció y lo que está aconteciendo. Por lo tanto, te ofrezco los números que acompañan cada letra del Alef Bet; tú serás las matemáticas gemátricas que contarán las aventuras divinas para llenar aquellos corazones que están vacíos…

El silencio sapiencial de la dama del conocimiento no se hizo esperar; luego de un mínimo momento de reflexión promulgó:

– Está bien, acepto con una condición. Que todo el honor sea para Aquel que me creó, porque sin Él, mi existencia eclipsaría.

– ¡Sabia respuesta! -contestó el alegre Comprador quien esbozando una amplia sonrisa dijo: ¡Pero aún nuestro equipo no está completo!…

– ¿Y quién falta? -preguntó la Sabiduría.

– ¡Aún nos falta la Disciplina! -dijo el Comprador.

Sus miradas se encontraron desconcertadas, como preguntándose por un verbo ausente que nunca se hizo presente. Cuando de repente se escucha una plumífera voz que grita:

– ¡Yo sé donde está, los llevaré al refugio de la Disciplina! Síganme -dijo el “verdilocuente” loro.

– ¡Vamos, sigámosle! -indicó el Comprador de sueños.

Por largo rato, la Verdad, la Sabiduría y el Comprador de sueños, siguieron tras el vuelo del loro que los llevaba al encuentro con la recta Disciplina. De repente, en un hermoso campo como podado por la máquina más sofisticada, encontraron en medio de él a la Disciplina haciendo unos suaves movimientos como de Thai-Chi. Retozaba con la brisa y los rayos tenues y cálidos del sol naciente que parecían pintar el rojo-naranja que coqueteaba con risitas nerviosas, mientras se extasiaba con el amarillo incandescente de la aurora temprana de ese día.

– ¡Hola! -saludó el Comprador de sueños.

– ¿Qué os acontece; no veis que ocupada estoy en este mi nuevo ambiente?

– ¡Perdonad insigne dama antañona que hemos perturbado su practica de Thai-Chi! -respondió el ilustre Comprador.

– Está bien, está bien, no os preocupéis. ¿Y quiénes sois vosotros?

– Os presento a la dama de la Verdad sempiterna e inmutable. Emet, mejor conocida como Verdad.

– ¡Mucho gusto!, -se presentó la Verdad.

– ¡Un placer! -respondió la Disciplina, sin dejar de hacer sus suaves y delicados movimientos.

– Conozca a la Sabiduría, secretaria ejecutiva del Hacedor y Forjador de todo lo creado e increado.

– ¡Wow! -exclamó la Disciplina y de repente detuvo los movimientos para mirar fijamente a la Sabiduría y le respondió- Eres muy famosa por estos lares, todas las criaturas hablan de tí y comentan que tú también estabas en el soplo de Aquel que nos creó.

– ¡Cierto! -contestó tímidamente la Sabiduría- ¡Mucho gusto!

– Y finalmente, yo soy el Comprador de sueños interestelar, que compro, vendo y deposito sueños dormidos y despiertos para todos los mundos y personas valientes que se atreven a soñar.

– ¿Y qué quieres? -escrutó la Disciplina con aplomo determinante.

– ¡Comprarte! -dijo el Comprador, mirándole a los ojos.

– ¿Qué me ofreces?

– Una escalera que va a los cielos para que te encargues de enseñar a los mortales a subirla y bajarla, y así elevar a las criaturas humanas y a la vez descender la gloria del Altísimo y esparcirla en la tierra como alimento espiritual de todas las almas.

La Disciplina esbozó una leve sonrisa con sus labios carmesí y dijo:

– ¡Acepto!

– ¡Vamos! -dijo el alegre comerciante.

– ¡Espera, espera! No me puedo ir sola.

– ¿Por qué? -preguntó preocupado y desconcertado el Comprador de sueños.

– Porque yo, la Disciplina, no puedo estar divorciada del “Entendimiento”, él es mi otra parte, obra de las manos de Aquel que todo lo creó.

– Cierto es lo que dice la Disciplina. Yo, la Sabiduría, estaba allí cuando eso aconteció; antes de ser modelados eran una sola arcilla y el Eterno la separó como ejemplo para toda la creación, aunque eran dos, siguen siendo uno por el lazo del corazón.

– ¡No se hable más! -dijo la Verdad.

En ese momento hizo acto de presencia el Entendimiento y dijo:

– Por cuanto la conocieron a ella -a Disciplina- me conocieron a mí, yo discierno primero y ella organiza los senderos.

– ¿Y que pides tú? -le preguntó el Comprador.

– Sólo una cosa. ¡Estar con ella desde ahora y para siempre!…

– ¡Trato hecho! -dijo el Comprador de sueños. Antes de partir hacia nuestra primera misión eterna, les explicaré cómo entraremos a la tierra y cómo haremos nuestro trabajo. Cada cierto tiempo viajaremos a ese planeta como pasajeros en una estrella fugaz. Luego, en las noches de luna llena, esparciremos por todo el mundo nuestra esencia; la Verdad, la Sabiduría, la Disciplina y el Entendimiento a través de la luminaria de la noche que los cubre con su luz. Y mediante su luz entraremos por sus poros para alimentar sus cuerpos y sus almas hasta saciarlas de fe. Y en el día, el calor del sol de la mañana, incinerará toda toxina de sus cuerpos y almas. Entonces, es allí que aprenderán a escuchar la voz de Aquel que dijo: (Y.V.)

“No temas, porque contigo estoy yo. No te desvíes, porque yo soy Di-s tuyo. Te he dado vigor, también te he ayudado, y también te he sostenido con la diestra de mi justicia.” Yeshayahu (Isaías) 41:10

“Verdad compra, y no la vendas. Compra sabiduría, disciplina y entendimiento.” Mishlé (Proverbios) 23:23

 

Por Yehoshúa Villarreal I.

Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham.

 

YEHOSA (JESÚS) VILLARREAL I.

Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música,
la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y
el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música
José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.

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Patricia Geraldine Arana Granda
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Gracias Yehoshua!! muy lindo… Hashem te siga bendiciendo.