EL ALFARERO

“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.” Mishlé (Proverbios) 5:18-19

Una mañana de rocío de escarchas doradas, con aroma verde esperanza de yerba mojada recién cortada, y bajo el techo de los cielos naranja y amarillo refulgentes como el oro recién bruñido, trabajaba arduamente sin prisa ni descanso el Alfarero de los días ovoidales; días que no se agotan, ni declinan, porque no conocen el fin inextinguible de los tiempos deleznables.

Movía el Alfarero suave y armoniosamente la porción de barro fresco que encajaba perfectamente en la concavidad de Sus manos y jugaban con él, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda…como el vaivén del péndulo del tiempo, como el reloj de campanas que anuncia un nuevo tiempo, una nueva hora que se marcha para no regresar en complicidad con el crepúsculo y la aurora de la casa del sol naciente. El Alfarero atisbaba sigilosamente a su mano derecha que se disputaba el honor de modelar al primer hombre de la tierra. La izquierda alegaba con vehemencia:

– ¡Soy yo quien lo modelaré! Porque el corazón del hombre estará del lado izquierdo, por lo tanto estará más cerca de mí.

– ¡Por supuesto que no! Porque yo soy la derecha del Alfarero, con la que ejecuta toda acción que crea; soy su “brazo extendido” para hacer justicia, aquí, allá, y donde quiera que va, yo voy con Él…

– ¡Y yo también!! Exclamó con firmeza y autoridad la mano izquierda.

El Alfarero esbozaba una suave y dulce sonrisa, mientras observaba como cada una de Sus manos querían adjudicarse el honor de modelar al primer hombre con el barro de la tierra, quien se gozaba por ser una de las elegidas, como también el agua, el aire y finalmente el fuego.

– ¡Escuchen bien ustedes mis queridas manos! expresó el Alfarero. Sin los granos vítreos de arena que decidieron juntarse entre sí e invitaron a las aguas de arriba y de abajo para formar esta masa de barro; pregunto, si estos granos de la tierra, las aguas y el resto de los elementales no se hubiesen puesto de acuerdo para este magnánimo propósito ¿creen ustedes que podríamos crear al primer hombre?

– ¡Claro que no Adón! dijeron ambas manos a la vez con voz de avergonzada respuesta…Perdone usted el insolente “manual” de vanidad que le presentamos.

– No os preocupéis queridas manos, hagámoslo juntos… ¡Manos a la obra!

El Alfarero miró a su alrededor y fijando sus ojos en el firmamento, extendió su mano izquierda y atrajo las fuerzas cósmicas del hemisferio del norte y luego extendió su mano derecha y atrajo el hemisferio galáctico del sur. Tomó nuevamente el barro que se impregnó de una luz; luz que no emana el sol de día, ni la luna de noche; mezcló y amasó las fuerzas cósmicas de los hemisferios con la arena, y siguió amasando hasta tener una esfera perfecta y habló a toda la creación:

– He aquí que en esta masa de barro está escondida la esencia del primer hombre, que tendrá la asignación de poblar el planeta Tierra, porque de ella parte toda su ciencia, todos los minerales y nutrientes de ella están en él, y en él está toda ella…

Y el ingenioso Alfarero manipulaba con destreza sin igual la arcilla de la vida, mientras entonaba un mega lírico cántico que invitaba a todas las criaturas del universo a entonar un coro interestelar, más allá de las constelaciones presentes y ausentes. Modelaba las piernas del nuevo hombre, el tronco, sus extremidades superiores, hasta que finalmente modelaría la cabeza, cuando de repente se detuvo y expresó:

– El Keter (corona) será el punto de encuentro entre él y Yo, y en el tálamo de su cerebro estará la habitación donde será el encuentro íntimo, sus pensamientos serán la sustancia sustantiva de Mis pensamientos.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Eterno. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Ieshaiá (Isaías) 55:8-9

Puso a un lado el Alfarero de todos los tiempos parte del cuerpo de barro del primer hombre, tomó una pequeña porción de la arcilla e hizo una forma de ovalo y dijo a toda la creación:

– ¡Escuchad todos, este será el cerebro del hombre, con él mostrará todas las maravillas que he hecho para tí y para todos ustedes, él se enseñoreará por causa de Mi Nombre, enseñará a cada generación la grandeza de Mi reino, y el verbo de Mi Palabra estará con él… En él crearé los cánticos que serán cuerdas vocales que vibrarán en el alma y el corazón de toda la humanidad! Dos hemisferios he puesto en su cerebro, igual que el hemisferio norte y el hemisferio sur del planeta Tierra. En su hemisferio izquierdo, he puesto a Jojmá (Sabiduría) y su sistema electromagnético cognoscitivo es el positivo; es lo masculino, lo racional, lo lógico; será su dirección, su guía en la Tierra. Mientras que el hemisferio derecho será el polo negativo, que al juntarse con el positivo crean una fuerza electromagnética cósmica más allá de las estratósferas del conocimiento humano. En ella morará su otra parte, su amada femenina Biná (Comprensión); es decir, la “sabiduría y la comprensión” vivirán juntas hasta la eternidad invariable. Así como este huevo de arcilla, serán el hemisferio izquierdo y derecho en ésta Mi creación. El amor será uno, lo femenino y masculino serán inseparables, la mitad de él, estará dentro de ella y la mitad de ella, estará dentro de él. Como el encuentro de los dos triángulos equiláteros, uno que apunta hacia arriba y el otro que apunta hacia abajo, que al juntarlos forman un solo cuerpo, el Maguén David, mejor conocido como la Estrella o Escudo de David.

Mientras tanto, susurraba el viento la dulce melodía de este día, con suaves acordes menores y mayores que impregnaban el ambiente con la rapsodia, el néctar musical de donde se alimentan las flores de todos los colores y de donde succionará el colibrí los cánticos noveles, para llevarlo en su pico como mensajero tonal a las aves cantoras, encargadas de repartir a toda la tierra su agradable y melodiosa escala musical. Deleitóse el vetusto Alfarero, el de los muchos días, con esta amalgama filarmónica que acariciaban su fino y delicado oído, que alcanzó a escuchar a lo lejos el casi imperceptible cuadrúpedo, que se movía con pasos cautelosos y elegantes a la vez; era el mover de una tímida gacela que parecía esconderse en la esperanza del intenso verdor del ambiente imperante.

– ¡Pssss, pssss! Silbó el Alfarero y hubo silencio. Y pasando su vista en forma de arco tensado, pudo ver el contraste del color beige y marrón oscuro del antílope y su esbeltez que resaltaba en medio del manto de clorofila que le rodeaba.

– ¡Gacelita, Gacelita! No te escondas porque ya te vi. ¡Sal de allí!

Y con su elegante timidez, poco a poco, abandonó su escondite.

– ¿Por qué te escondes? Preguntó el Alfarero, el de miríadas de días.

– Perdone usted mi Adón, no quería que me viera…

– ¿Y por qué no? Se que te escondes cada vez que modelo a las criaturas y elementos de toda la creación…siempre estás allí, observando…observando lo que hago con mis manos.

Los colores de la gacela se intensificaron más de lo normal, la vergüenza vistió su rostro que se inclinaba lentamente como el penitente que ora para ser escuchado…

– ¡No te sientas mal Gacelita, que yo no te he acusado; acércate, no temas porque tu presencia me ha inspirado.

Acercóse la gacela como el que cuenta sus pasos, con timidez y prestancia a la vez, como lo haría una princesa engalanada a punto de ser desposada. Con sus ojos saltones, casi desorbitados, miró fijamente al sempiterno Alfarero, con una mirada intensa llena de historias que corren por el puente de los recuerdos hasta alcanzar, cruzar y escrutar, las aventuras más álgidas libradas en las epopeyas nunca antes contadas, pero ya vividas en el estadio de los enrarecidos tiempos que sólo conocen el presente perfecto…

Un segundo de silencio se hizo eco como si el tiempo hubiera suspirado y su aire detenido en un solo aliento. Y fue roto este callar, cuando la Gacela abrió su boca y dijo como cuestionando a toda la creación:

– No entiendo Adón mío, he visto todos estos tiempos diseminados en segundos y siglos como has ido diseñando, creando y dándole vida a todos; al viento; a las aguas; a los arboles; el reino animal donde me creaste y pusiste. He visto como diseñaste las montañas; las estrellas; las galaxias; los dinosaurios y los unicornios, cuya piel de colores la destinaste de antemano para Tu Sanctum Sanctorum de la tierra, copia del Bet Hamikdash de los cielos. Por ello mi Adón, no entiendo ¿dónde están los cantores? Aquellos que fueron creados por Ti con el “octagónico” timbre de Tu excelsa voz. En todos, absolutamente en todos, dentro de nuestros cuerpos resuena una melodía interior producto de las cuerdas de las arpas eternas de Tu voz, cuya musicalidad no cesa de entonar el cántico a la vida, que nos da la vida. ¿Dónde está la voz altisonante de toda la creación para alabar al Alfarero que es mucho más grande que toda la creación? ¿Dónde está Su gloria? Ella, Su gloria, debe morar en nuestras bocas para una alabanza eterna.

El Alfarero miró fijamente a la Gacelita y le dijo:

– Gacelita, tu amor hacia Mí trajo a la existencia la alabanza, por lo tanto a partir de hoy, ésta no vendrá de los hombres, será diseñada por Mí para que baje a los hombres y a su vez, de la boca de ellos subirá a lo más alto de Mi morada para descender nuevamente a la tierra con la energía redentora y sanar sus cuerpos, sus mentes y sus almas y expandirla por todo el universo.

“…la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Di-os” Código Real-Carta de Rav Shaul a los creyentes en Italia (Romanos) 2:29

Y por cuanto nadie te lo pidió, sólo nació de lo más profundo de tí, ni aún Yo te he pedido alabanza; por ello cambiaré la estructura del hombre, separaré el hemisferio masculino y femenino que por amor están fusionados en UNO, entonces serán dos para que un día se encuentren en la Tierra, la mujer y el hombre, y ambas partes vuelvan a ser uno como Yo soy UNO por causa del amor. La mujer tendrá la gracia que puse en tí Gacelita, su caminar será diferente al del hombre; su voz como el cantar mañanero del ave del paraíso; su cuerpo será tan grácil como el que te puse a tí en tu reino; su pelo será como las cascadas del bosque encantado, como el coro de las aguas termales. Su piel será como la porcelana recién pulida; sus pechos como los tiernos capullos de un rosal y sobre todo, en ella entregaré el legado de la creación que viajará dentro de sus entrañas; modelaré con las cuerdas del arpa de Mi voz nuevas criaturas que vendrán a la existencia a los nueve meses. Esto tendrá el sello de Mi presencia, el numero nueve (9), que aunque se multiplique por cualquier número, siempre será nueve porque es parte de Mi firma eterna. Ella será tierra santa que mana la leche de sus pechos y la miel de la sabiduría y comprensión que he diseñado en ella. ¡Mujer idónea, porque estás más cerca de Mí!…

“Y dijo Hashem, Elohim: No es bueno que el hombre esté solo le haré ayuda idónea para él” Bereshit (Génesis) 2:18

Entonces la Gacelita preguntó:

– ¿Y cómo se identificarán el hombre y la mujer, si los separan? ¿Cómo sabrán los dos quién es quién en medio de billones de habitantes?

– Muy fácil, contestó el Alfarero, Yo mismo los juntaré igual como los separé en este mundo que conocen y que después no recordarán; tendrán tres señales totalmente claras: 1) Paz más allá de su entendimiento; 2) Aunque aparentemente se vieron por “primera vez”, sus almas se identificarán inmediatamente; 3) Ambos hablarán de envejecer juntos.

Hoy te pongo Gacelita como una de las protagonistas “no humanas” del libro que escribí con la tinta indeleble e imborrable de Mi alma eterna, la Torá; Mis profetas hablarán de tí, por cuanto fuiste tu quien procuraste alabanza para Mí ante toda la creación, también serás recordada para formar parte en el “Cantar de los Cantares”. Y.V.I

“Tus dos pechos como gemelos de gacela que se apacientan entre lirios.” Shir Hashirim (Cantar de los Cantares) 4:5

“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.” Mishlé (Proverbios) 5:18-19

Dedicado a mi amada esposa Yeli Villarreal, mi Gacelita

Por Yehoshúa Villarreal I.

Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham.

 

YEHOSA (JESÚS) VILLARREAL I.

Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música, la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.

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Hector Branas
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Maravillosa e inspirada exposicion, buen tema para una cancion. Gracias por compartirla