LA HUELLA

“El temor al Eterno es el principio del conocimiento” Mishlé (Proverbios) 1:7

Este proverbio lleva en su contenido una carga deliberante que traspasa los linderos de la razón y trasciende los eslabones más allá del libre pensador que lo deshilacha, para luego tejer un manto seminal de preguntas que no conocen el eco adormecido de las respuestas nostálgicas que aún no tienen voz… La partícula molecular de esta oración está escondida en el núcleo de la palabra temor. Palabra temeraria tan sólo por la onda de su sonido, que parece penetrar hasta lo más profundo de la existencia terrena haciendo vibrar los cimientos de un alma atemorizada. Veamos que nos dice el diccionario Larousse con respecto a esta intimidante palabra temor, del latín Timor, que significa miedo, aprensión, sinónimo de alarma e inquietud; por lo tanto, el temor no es un buen consejero.

Indaguemos esta palabra desde la lengua hebrea, desde su etimología y gematría hasta vislumbrar su fragante significado y destino. Temor en hebreo es PAJAD (פחד), su raíz etimológica es PAJ (פח) cuyo significado es estaño y su valor gemátrico o código matemático es 7 (siete). Siete (7) son los colores del arco iris; los siete cielos; las siete notas musicales; es el séptimo día, día de descanso instaurado por el Eterno, es Shabat, día de gozo que nos dio como “presente perpetuo” al pueblo de Israel y por ende a toda la humanidad. Más allá del miedo, esta palabra temor encierra un extraordinario enigma que connota y denota reverencia a Aquel constructor de todo lo visible e invisible, arriba y abajo. La esencia de esta palabra va con toda criatura habitante de esta hermosa y dadivosa tierra embarazada de grandes misterios. La palabra hebrea PAJAD (פחד), que significa temor en español, tiene un valor gemátrico de 2; al sumarlo con su propia raíz etimológica, la palabra PAJ (פח) que en hebreo es estaño y cuyo valor gemátrico es 7, entonces tendremos como resultado final 9. Dicho de otra manera, estamos extrayendo el zumo etimológico y esencial de las palabras TEMOR y ESTAÑO, nuevamente se hace presente el misterioso número 9 como lo hemos estudiado anteriormente en otros escritos, conocido por los científicos  y estudiosos como el “perfecto” porque al multiplicarlo por cualquier cantidad el resultado siempre será 9.

La palabra temor lleva escondida en sí misma el misterio del estaño, mineral que al combinarse con el cobre da como resultado el nacimiento del bronce ARAD (ארד), cuyo valor gemátrico es 7. Una nueva era da inicio: la Edad de Bronce en los años 3.000 A.C aproximadamente. El bronce fue la primera aleación de importancia obtenida por el hombre. Durante milenios, la aleación cobre-estaño se uso para la fabricación de armas y utensilios, esculturas, monedas, campanas, gongs, platillos, saxofones, cuerdas de arpas, guitarras, pianos, herramientas, etc. En el Paleolítico y el Neolítico el bronce sustituyó a la piedra en la fabricación de armas y utensilios; contribuyó en el desarrollo de la cultura material de los pueblos de Europa, Asia y Oriente Medio.

Es preciso determinar la esencia de la palabra cobre cuyo nombre en la lengua hebrea es NEJOSHET (נחושת) y su valor codificado es 8. De tal manera que tenemos tres palabras como protagonistas de este proverbio: TEMOR-ESTAÑO-COBRE. Temor-PAJAD es igual a 2; Estaño-PAJ (raíz de PAJAD) es igual a 7; y Cobre-NEJOSHET es 8. Si sumamos el valor de estas tres palabras 2+7+8=17=8

Pero, ¿a dónde iremos con todo esto? Y el 8 ¿qué tiene que ver este número con el ser humano? Mucho, ya que gran cantidad de minerales están diseminados en nuestro cuerpo como nutrientes debido a que fuimos hechos del polvo de la tierra. Estos minerales son parte de la estructura, no sólo de nuestro cuerpo sino de donde venimos, del polvo de la corteza de la tierra a través de los distintos procesos de mineralogénesis; se han formado como consecuencia de la erosión de los procesos implicados en la tectónica de placas. Estamos formados con las mismas energías, con los mismos elementos físico-químicos dentro de la misma red de relaciones de todo y con todo. Conociendo un poco la historia del universo y de la tierra estamos conociéndonos a nosotros mismos y nuestra ancestralidad. Los minerales en el cuerpo humano son nutrientes que necesita nuestro cuerpo biológico; tales como el hierro, yodo, flúor, zinc, cobalto, cobre, magnesio, selenio, plomo, mercurio, calcio, fósforo sodio, cloro, azufre, estaño, etc.

Tenemos una evidencia doble, por un lado la ciencia da testimonio de la estructura molecular del hombre y la tierra. Dice que la tierra es un planeta del sistema solar que gira alrededor de su estrella – el sol – en la tercera orbita más interna. Es el más denso y el quinto mayor de los 8 planetas del sistema solar. Tanto los minerales del planeta como los productos de la biósfera aportan recursos que se utilizan para sostener a la población humana mundial. Y por otro lado tenemos la evidencia contundente biológica-espiritual refrendada en el libro de los sueños despiertos que nos abren los ojos para poder seguir soñando con lo que ya pasó, pero que aún no se ha cumplido…Es el legado del cielo, documento y manual de vida que da testimonio de Aquel que todo lo creó para ti… ¡La Torah!

“Y formó pues el Eterno Dios al hombre, del polvo de la tierra y sopló en las ventanas de su nariz aliento de vida; y fue el hombre ser viviente.” Bereshit (Génesis) 2:7

El cobre ayuda a equilibrar nuestros cuerpos físicos y astrales, así como nuestros cuerpos electromagnéticos; este mineral es bien conocido por la fabulosa propiedad para transmitir energía. El cobre es uno de los pocos minerales que no se degrada, ni pierde sus propiedades químicas o físicas en el proceso de reciclaje. Resultó ser un efectivo sanador para problemas relativos a enfermedades reumáticas y de artritis. Muchas personas optan por usarlo para mejorar la circulación de su sangre, reducir inflamaciones y estabilizar su metabolismo. Transmite una gran cantidad de energía espiritual. Estabiliza las energías “proyectivas y receptivas”. Equilibra las polaridades del cuerpo humano. Gracias al cobre, los bloqueos energéticos culpables de desequilibrios o enfermedades, son eliminados. Ayuda a transmitir y potenciar tanto el pensamiento como la energía de curación. Impulsa el desarrollo de la agilidad mental, aclarando ideas y potenciando razonamientos lógicos. Mejora los campos magnéticos de las personas. Una vez que el cobre entra en el torrente sanguíneo comienza su acción y también equilibra la cantidad de zinc en la sangre. Las moléculas de cobre se unen en las enzimas y desencadenan la producción de hemoglobina; también ayuda a reforzar el sistema inmune y previene la aparición de un sin número de infecciones y enfermedades. Eleva la vibración del agua. Cataliza la reducción del oxígeno a agua y es importante en el metabolismo del hierro.

Cuando el pueblo de Israel moría en el desierto por la mordedura de serpientes venenosas, Moshe clamó al Eterno y este le dijo que hiciera una serpiente de cobre y todo aquel que fuera mordido por una de ellas, mirara a la serpiente de cobre y quedaría sanado…y así fue para aquel entonces. El pueblo de Israel no sólo veía una serpiente de cobre, lo que percibía era la energía sanadora del Nombre del Eterno encriptado en la gematría de Nejoshet (cobre) cuyo valor es 8, y 8 es el mismo valor del Nombre del Eterno יהוה; pero si colocas este número horizontal descubrirás que Su Nombre representa el símbolo en griego del infinito ∞. El Eterno a través del sentido de la vista hacia penetrar al cerebro y a todos los sistemas del cuerpo humano, el antídoto energético del cobre que culminaba con la sanación de los que fueron mordidos mortalmente por las serpientes venenosas del desierto.

“Y envió el Eterno para el pueblo las serpientes abrasadoras, las cuales mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel. Y acudió el pueblo de Moshe y dijo: Hemos pecado, pues hemos hablado contra el Eterno y contra ti; ora al Eterno para que quite de nosotros las serpientes; y oro Moisés por el pueblo y dijo el Eterno a Moisés: hazte para ti una serpiente abrasadora, ponla sobre una pértiga, y sucederá que todo aquel que fue mordido, mirando hacia ella, vivirá. E hizo Moisés una serpiente de cobre y la puso sobre la pértiga, y sucedía que si acaso una serpiente mordía a alguno, este miraba la serpiente de cobre y vivía.” Bamidbar (Números) 21:6-9

Si traemos el enigma de estas matemáticas de la lengua hebrea en las palabras elegidas TEMOR, ESTAÑO, COBRE, descubriremos la huella o la firma del Eterno, del Todopoderoso, el Artista de artistas que una vez terminada su obra, estampa Su senda firma eterna e incuestionable con la tinta indeleble del amor incondicional que no mancha, porque está hecha con la tinta de su propia alma.

Habíamos dicho que la palabra TEMOR en hebreo tiene un valor de 2; ESTAÑO de 7 y COBRE de 8. Al sumar primeramente TEMOR Y ESTAÑO nos dará 9, que es el mismo valor de EMET (VERDAD). Es decir, que toda la Escritura es VERDAD (EMET). Entonces seguiremos sumando 9 + 8 (8 es el valor de COBRE) el resultado es 17= 8. Ocho (8) es la firma del Nombre del Eterno, Su huella digital; NOMBRE que es sobre todo nombre יהוה, el Tetragramatón, cuyo valor gemátrico es 8, por lo tanto, una vez más vemos encriptado el Nombre del Eterno en nuestro sistema biológico y espiritual como también en la tierra y todo el macro y microcosmo, por lo tanto la evidencia de Su presencia es irrebatible e insoslayable… La luz del Eterno es la luz que nunca te abandona y te arrulla en Sus brazos para empaparte con el rocío de Su paz, paz que va más allá de los senderos de tu mente, más allá de este presente; más allá de este mundo para estar contigo en la alcoba de los sueños, sueños que se visten con perlas y se esconden en los hilos de oro de las memorias del conocimiento…Navegar en las aguas con cascadas de sabiduría y olas de entendimiento bajo el sol del primer día, estrellas matutinas despiertas que titilan y danzan al ritmo de la voz de Su luz la más flagrante y exquisita melodía que anuncia el rayar de un nuevo día.

El temor al Eterno es como el estaño que se alea con el cobre de tu sistema y fortalece el cuerpo espiritual y físico. El temor al Eterno es darle la honra y reconocer que sólo Él se lo merece.

“Si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres voz; si la buscares como la plata, y como a tesoros la rebuscares, entonces entenderás el temor al Eterno, y el conocimiento de Di-s encontrarás.” Mishlé (Proverbios) 2:2-5

“El temor al Eterno es el principio del conocimiento.” Mishlé (Proverbios) 1:7

Por Yehoshúa Villarreal I.

YEHOSA (JESÚS) VILLARREAL I.

Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música,
la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.

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Delfina Smith
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Felicitaciones muy lindo este articulo