MIEL

“Come hijo mío miel, porque es buena; y el panal es dulce para tu paladar.” Mishlé (Proverbios) 24:13

Este Mishlé parece recordarnos lo que la Santa Torá es; más dulce que la miel. Es nuestra fiel compañera a lo largo de nuestra vida terrenal, incluso más allá de las dimensiones de este mundo. La Torá es como un gran árbol de vida, cargada de frutos que nos alimentan en este plano, a la cual todos podemos accesar. También nos conecta con el Alma Superior, el Ruaj Hakodesh, entonces nos convertimos en un árbol con raíces invertidas que se forman y crecen en los cielos.

Los secretos de la Torá están escondidos en los dulces panales del Alef-Bet, vestiduras reales que engalanan los rollos de esta bendita Torá, cargada de las matemáticas existenciales que son los planos con que fueron constituidos los vastos universos. Lo escritural de la Torá, Hashem se lo mostró a Moshe con todo lujo de detalles; símbolos o jeroglíficos sagrados; letras grandes y pequeñas y las coronas que llevan algunas de ellas. El Eterno se las reveló en forma de fuego negro sobre fuego blanco. Le enseñó el KRI que es el cómo se pronuncian las palabras, y el KTIV que es el modo cómo deben escribirse. Es importante saber que el primer rollo de la Torá fue escrito por Moshe Rabenu en el Monte Sinaí para el pueblo de Israel, a quien también le enseñó oralmente todo lo que él había aprendido de Hashem: principios generales y específicos, análisis, derivaciones y alusiones; los temas ocultos dentro del mismo texto, las letras y sus combinaciones que los llevaban a grandes descubrimientos. Al final de sus días Moshe escribió doce Torot, una para cada tribu y la que fue escrita para reposar en el Aron Hakodesh y que permanece allí como testigo para el pueblo Israel y el mundo.

Cuando estudiamos Torá, el paladar de nuestra mente se endulza con cada una de sus palabras y pensamientos embriagados de sabiduría, que toman posesión de nuestro entendimiento. Existen cuatro maneras conocidas de estudiar o interpretar la Torá llamada PARDES. Este es un acróstico formado con las palabras PESHAT (sentido directo o literario). REMEZ (lo oculto que se va develando en la medida que aplicamos los códigos gemátricos o matemáticos, es decir, el lenguaje oculto más allá de lo literal). DRASH (lo que deducimos, o sea, el lenguaje paralelo que nos habla y nos lleva a descubrir otro lenguaje imbuido en las aguas de arriba de la Torá). SOD (es la parte más elevada Ain Soph Aur (luz ilimitada) que se aloja en el Keter (cabeza). Es la conexión divina con el más alto alcance, donde lo sobrenatural pasa a ser natural por causa de la sutil y poderosa energía derramada por la Shejina, el Ruaj Hakodesh, que hace rema en tu cuerpo y en tu alma…)

La Torá lleva consigo una dimensión oculta donde se unen y se combinan las letras, se juntan como un rompecabezas y finalmente da como resultado otros significados que a simple vista no se pueden detectar. Cuando Hashem le dictaba la Torá a Moshe, le ordenó dejar espacios entre palabra y palabra y entre letra y letra. Esto nos muestra una vez más la infinita misericordia del Eterno que se asoma a nuestras vidas para que de esta manera podamos asimilar la Torá, ya que estos espacios nos permiten entender y discernir mejor el mensaje de éste gran regalo del cielo: las Santas Escrituras donde reposan todos las respuestas a todas las preguntas de la humanidad…

En el momento que Moshe escribía las últimas porciones de la Torá, sólo pudo captar la combinación mística y velada, porque la forma interpretativa le fue negada del cielo para guardar su corazón y que no descubriera lo que él mismo estaba escribiendo. Mientras escribía, sus lágrimas caían y eran consoladas por el dulce amor de la Torá. Según nuestros sabios la palabra hebrea lágrimas דמע/dema está ligada o vinculada a la palabra דימוע/dimúa, que significa mezcla. Es decir, cuando Moshe escribió los últimos ocho versículos, las letras estaban unidas y entremezcladas, sin dejar ningún espacio entre palabra y palabra. Sin embargo. antes de todo esto Moshe Rabenu tuvo la visión de las letras de la Torá que lucían como un tejido de palabras vivas que se juntaban entre sí, como ver el entretejido de un velo. Por tanto, estos ocho versículos lucían como una sola y larga palabra donde estaba escondida esta frase: “Y murió allí Moshe…” Dicho de otra manera, Moshe escribía su futuro en tiempo pasado…

“Porque este mandamiento que te ordeno hoy no te es encubierto ni está lejos de tí, no está en el cielo para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá, y nos hará oírlo para que lo cumplamos? Ni está más allá del mar para que digas: ¿Quién pasará por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá, y nos hará oírlo para que lo cumplamos? Sino que la Palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón para que la pongas por obra.” Devarim (Deuteronomio) 33:11-14

“¡Cuán dulces resultan tus Palabras a mi paladar, más que miel a mi boca! Mediante tus preceptos obtengo comprensión…” Tehilim (Salmos) 119:103

Por Yehoshúa Villarreal I.

Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham.

 

YEHOSA (JESÚS) VILLARREAL I.
Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música,la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.

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