SU GLORIA

“El oído oye, el ojo ve; el Eterno ha hecho a ambos.” Mishlé (Proverbios) 20:12

Tan sencillo como poderoso es este Mishlé o Proverbio. El oído es el receptor de sonidos y decodificador de formas auditivas que pasan a tu mente y crean una imagen en el cerebro. Ejemplo de ello; cuando escuchas truenos y relámpagos, instantáneamente creas las formas de dichos elementos, aunque no los veas.

Las ondas sonoras viajan desde el oído externo y a través del conducto auditivo haciendo que el tímpano vibre. A su vez, esto hace que los tres huesecillos del oído medio, conocidos como martillo, yunque y estribo se muevan. Estas vibraciones pasan a través de la ventana oval al fluido de la cóclea del oído interno estimulando miles de pequeñas células ciliadas. Como resultado, estas vibraciones se transforman en impulsos eléctricos que el cerebro percibe como sonido.

Por otro lado, “el ojo que ve” son como dos cámaras perfectas, tan perfectas que aún la cibernética de este tecno-siglo XXI no ha podido, ni siquiera alcanzar un 1% de su maravilla. Su imagen se enfoca automáticamente de acuerdo a la distancia, más allá del complejo sistema de las mejores cámaras inventadas por el hombre hasta hoy. Según la ciencia, el ojo humano es un órgano foto receptor cuya función, ya implícita, consiste en recibir los rayos luminosos procedentes de los objetos presentes en el mundo exterior y transformarlos en impulsos eléctricos que son conducidos al centro nervioso de la visión en la parte posterior del cerebro.

Podríamos seguir incursionando en el análisis científico sobre el ojo y el oído, pero en la medida que nos sumergimos sobre este tinglado de sistemas del cuerpo humano descubriremos el orden, la sabiduría, la perspicacia y la exactitud perfecta del diseño. Por lo tanto, detrás de toda esta maravilla detectamos que hay una Supra Inteligencia de Aquel que rige y dirige lo creado. Para conocerlo no tienes que verlo; basta conocer la obra de Sus manos y ellas darán testimonio de Él.

La firma del Eterno no sólo descansa en Su Nombre sino en toda la creación. Como el artista que después de realizar su obra pictórica le estampa su firma, Hashem la puso en todas sus obras. Veamos algunas según el estudio del Rabino Yeshayahu Rubinstein. El ADN tiene dos hélices helicoidales que se van cruzando y se juntan a través de un “puente” de sulfuro, como parte de los cromosomas que están en todas las células, órganos y músculos del cuerpo. ¿Dónde se encuentran los “puentes de sulfuro”?  Hay cuatro ácidos nucleicos en el ADN: Adenina, Timina, Citosina y Guanina. El “puente de sulfuro” se encuentra en cada 10 ácidos; en cada 5 ácidos; en cada 6 ácidos y en cada 5 ácidos que reposan en el Nombre del Eterno. Si tomamos estos resultados científicos, descubrimos que son exactamente la numerología o valor gemátrico del Tetragramatón, NOMBRE que está sobre todo nombre יהוה…

Podemos ver este impresionante resultado; Hashem puso Su “firma” en el ADN, en toda la creación y dentro de nuestro cuerpo; el Gran Artista firmó Su obra maestra con Su Nombre יהוה. De tal manera que, al Eterno no lo busques fuera porque vive dentro de tí.

Existen corrientes de pensamiento en este siglo XXI que veremos a continuación. Según los científicos Hartle y Stephen Hawking, a través de su teoría llamada mecánica cuántica, aseveran que toda la creación surgió de la NADA. Este postulado, según ellos, ató un cabo suelto pero soltó otro; la idea sugería también la posibilidad de que el Big Bang “creó” no sólo el universo, sino un número infinito de ellos.

Thomas Hertog y Stephen Hawking plantean que los universos múltiples surgieron por “AZAR” y que no pueden explicar mucho más sobre eso. Ellos afirman que la NADA, EL AZAR y UNA EXPLOSIÓN que surgió de la “nada” llamada Big Bang, fueron las “herramientas solitarias”, que según ellos, “crearon” al hombre, este planeta, las constelaciones, las galaxias, las pléyades, los agujeros negros y los universos paralelos. Ambos científicos utilizaron nuevas técnicas matemáticas desarrolladas para estudiar otra rama “esotérica” de la física llamada “teoría de cuerdas”. Así lograron poner un poco de orden en la caótica concepción del “multi-universo” o universos múltiples. La nueva teoría de Hertog y Hawking sugiere que sólo puede haber universos que tengan las mismas leyes físicas que el nuestro.

Analicemos primero el significado de AZAR: es una combinación de circunstancias o de causas imprevisibles, complejas, no lineales, SIN PLAN previo y SIN PROPÓSITO, que supuestamente provocan que suceda un determinado acontecimiento que no está condicionado por la relación de causa y efecto, ni por la intervención humana o divina. Este acontecimiento puede ser bueno y también puede ser una desgracia causada por la “casualidad”, la fortuna, el acaso o la suerte. El azar es un caso fortuito NO programado, y si es negativo es un contratiempo.

Sigamos adelante con la NADA de donde, según los científicos “nace” el Big Bang. ¿Qué es la NADA? El origen de la palabra proviene del latín RES NATA que significa cosa nacida. Desde hace miles de años los filósofos y teólogos han tratado de definir la nada o la inexistencia, atreviéndose a afirmar que la NADA es una “cosa”. El termino se usa para cubrir la necesidad empírica de representar la ausencia de algo, porque científicamente la NADA no existe. Es la sensación, evocación o impresión de alguna inexistencia o vacío, situación de carencia absoluta.

Michio Kaku dice que el Big Bang, en cierto modo, no pudo haber sido tan grande ya que se produjo exactamente antes del surgimiento del ESPACIO-TIEMPO. Habría sido el mismo Big Bang lo que habría generado las DIMENSIONES desde una SINGULARIDAD. Estas teorías describen una AUTOCREACIÓN de los universos y por ende del hombre… ¿Por qué? Porque tanto el hombre como el macrocosmos están íntimamente ligados o conectados mediante el ADN, y dentro de él hay un universo de sistemas operando internamente, todo un sistema anatómico o biológico multicelular donde miríadas de células, cada una, cumple una función que activan esa máquina perfecta que también tiene la capacidad de acceder a otros macro-mundos invisibles, a través del viaje de la mente… El 96% de nuestro genoma, según algunos científicos, es el que nos emparenta con todas las otras especies del planeta, incluyendo bacterias y los extintos dinosaurios.

Finalmente vemos como Hashem “firmó” el primer día de la creación con Su Nombre יהוה en estas cuatro palabras: Yei Or Veyi Or. Si las sumas entre si, dará como resultado 11, y 11 también son las 11 dimensiones de las teorías de cuerdas y súper cuerdas que investiga la ciencia hoy y que Hashem ya había calculado. Y si multiplicamos 11 x 2 nos dará como resultado 22; y 22 son las letras del Aleph-Bet (abecedario hebreo).

Retomemos las herramientas írritas y solitarias de la NADA, EL AZAR y el BIG BANG. En resumen, de acuerdo a las teorías de estos científicos, el universo y los universos múltiples se “AUTOCREARON”; en otras palabras, ellos niegan en sus postulados la “existencia” de una inteligencia superior detrás de estas contundentes y elocuentes “evidencias” tangibles, cuantificables y verificables en todos los tiempos… ¿Cómo acontece este fenómeno de la AUTOCREACIÓN de los universos según las teorías antes expuestas? Te invito a hacer un pequeño viaje analógico de este acontecimiento a través de la parábola de un artista-pintor que está a punto de hacer un viaje.

El bohemio ambiente del estudio de un artista; donde los olores a trementina, aceite de linaza y la gama de aromas de colores que parecen juguetear en las paredes del estudio, se funden entre sí con las obras de arte en una atmósfera impregnada con las huellas del quehacer artístico. El artista, en su hábitat natural y cómplice de los hechos creativos allí acontecidos prepara arduamente una tela de mediano formato; la tensa hasta el punto que al golpearla suavemente suena como un tambor que espera por su tamborilero. Lo monta en uno de sus caballetes y lo fija bien. Toma la paleta de color ébano raída con los desvanecidos colores atrapados por el tiempo, como protagonista de todas las aventuras vividas en el mundo del arte.

Pone doce colores en ella; luego en uno de sus dispensadores o aceiteras vierte aceite de linaza. Cuidadosamente escoge doce pinceles, uno para cada color en orden de tamaño; desde el más pequeño hasta el más grande. Acerca una mesita con ruedas y sobre ella pone la paleta con sus respectivos y frescos colores. Los pinceles los acomoda en orden reverencial al lado de ella. De repente, desde la ventana de su mente, se asoma un pulcro trapito blanco, rápidamente va hacia una gaveta donde hay muchos de ellos. Toma uno, lo dobla y lo posiciona justo entre la paleta y los pinceles; como en la fábula de los tres mosqueteros: “uno para todos y todos para uno”, listos para la acción. Chequeó que todo estuviera bien dispuesto para dar paso a la “Gran Obra Maestra” que iba a ser iniciada por la “gran explosión del azar y de la nada”.

Todo estaba listo para que el artista emprendiera un largo viaje de 365 días. Pasaron los días, los meses, hasta que los vientos alisios trajeron consigo el nuevo año. El tren se detuvo justo en su destino… el artista presuroso se bajó del tren y fue a su estudio que en silencio solsticio también esperaba por él.

Frente a la puerta del estudio se esforzaba vanamente en “imaginarse” cómo luciría la obra maestra que se habría “AUTOPINTADO”.

Tomó una bocanada de aire, lo sostuvo por segundos en sus pulmones y lo exhaló suavemente. Introdujo su mano en el bolsillo y tomó la llave que tremolaba en su mano nerviosa por el gran acontecimiento que estaba a punto de ver…el enigma de la “obra maestra” que aún no conocía, porque ella solícita esperaba por el artista que nunca la pintó. Por fin logró introducir la llave en la cerradura y a un pequeño giro a la derecha la puerta se abrió. A medida que el artista la abría, las bisagras rechinaban ansiosas de conocer el futuro como quejándose del tiempo que se negaba a hacerse presente. La puerta quedó abierta de par en par evidenciando la Gran Obra Maestra “auto pintada”…un ensordecedor silencio se hizo eco en todo el ambiente y como un réquiem, sin escala mayor ni menor, todo calló… ¡La tela está vacía! – gritó el artista – fue como el lloro del alma que se desgarra porque alcanzó el oblivión…el total olvido de Dios… El artista no daba crédito a lo que sus ojos NO veían.

Esto no es más que una sencilla sinopsis que nos ilustra metafóricamente como sería en la práctica la puesta en escena de estas teorías científicas, a la manera que dictan sus ecuaciones y directrices que aún no pueden ser cualificadas y verificadas, porque deambulan sin dirección por los laberintos de un persistente “infinito” que se les aparece como resultado matemático en todas sus ecuaciones y teorías. Es como un “techo” invisible e indestructible que guarda silencio y es imposible atravesar. Porque la nada por si sola, nada es y el azar sin plan ni propósito no es más que un accidente, una casualidad, un destiempo, sin tiempo ni espacio.

Este ejemplo tan simple y sencillo nos permite percibir la “huella dactilar” de Aquel que guarda silencio frente a los hombres y nos deja ver dentro de la bóveda del macrocosmos Su manto de aguas verticales que cubre las galaxias, las constelaciones, las pléyades, el sol, la luna, la tierra y hasta la partícula que es más pequeña que el átomo y que se conoce con el nombre de neutrino.

Miríadas de billones de toneladas de cuerpos flotan en el espacio evidenciando que no es la “casualidad”, ni el “azar” lo que los mantiene flotando, ni las leyes de la “nada” que no existen para nada. Sino que detrás de todo ello descubrimos una Magnánima Inteligencia que va más allá de nuestro entendimiento y coeficiente intelectual; los mundos son sostenidos por las columnas de Sus palabras eternas. Sólo tenemos que levantar nuestros ojos al cielo para ver el orden, la planificación y la técnica que está detrás de estas maravillas que dan testimonio de Su Inteligencia y Su sabiduría acompañadas de Su grandeza y gloria.

“Los cielos relatan la gloria del Todopoderoso; el firmamento proclama la obra de sus manos” Tehilim (Salmo) 19:2

“Truena Di-s maravillosamente con Su VOZ; Él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.” (Job) 37:5

“Hablaré del resplandor de Tu grandiosa majestad y de Tus prodigiosos hechos. Ellos proclamaran el poderío de Tus actos imponentes, y yo he de contar Tu grandeza.” Tehilim (Salmo) 145:5-6

 

 

YEHOSHÚA (JESÚS) VILLARREAL I.

Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música, la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.

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