EL VACÍO IV

Por Yehoshúa (Jesús) Villarreal I. Con la Autoridad del Rab Dan ben Avraham EL VACÍO IV “La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”. Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha” Un día un experto

Por Yehoshúa (Jesús) Villarreal I.
Con la Autoridad del Rab Dan ben Avraham

EL VACÍO IV

“La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que
cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”.
Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”

Un día un experto en campañas publicitarias dijo: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces, se convierte en una verdad”. También otro dijo: “Más vale una buena imagen que mil palabras” (no importa si es falsa o trucada).

Encontramos en este transitar de refranes, dichos y diretes de nuestros pueblos frases como esta: “La mentira es la única verdad en la boca del necio”; “Una verdad a medias es una mentira completa”; “Nos metieron gato por liebre”; “Ante esta verdad, mejor me hago el loco”. Y pare de contar con estos refranes que parecen ser cómplices de tradiciones y costumbres que nos cuentan un cuento y dejan atrás una verdad rezagada, como la fábula de la carrera desigual de la tortuga y la liebre y el cuento de hadas El traje nuevo del Emperador.

Hace muchos años vivía un rey que era muy comedido en todo, excepto en una cosa; era extremadamente vanidoso y se preocupaba más de la cuenta por su vestuario. Un día escuchó de dos sastres que decían poder fabricar la tela más suave, delicada y de una belleza sin igual nunca antes creada. Según decían, la tela era más que eso; se hacía invisible ante los ojos de cualquier estúpido, imbécil, inepto, ignorante e incapaz; es decir, solo los capaces, intelectuales, hombres con sabiduría podrían ver tan imponente obra de arte en el cuerpo del arrogante rey. Por supuesto, el traje costaría una verdadera fortuna que el rey estaba dispuesto a pagar.

Por toda la ciudad se corrió la voz de la fabulosa indumentaria del rey que estaban confeccionando estos dos sastres; todos esperaban el tan ansiado desfile para demostrar a sus vecinos cuan estúpidos e ignorantes eran. Acto seguido el rey hace su entrada triunfal con bombos y platillos por todo el pueblo, seguido de su sequito de aduladores, magistrados e invitados especiales; tanto ellos, como todo el pueblo aplaudían sin cesar exclamando frases como estas: ¡Fantástico! ¡Regio! ¡Hermoso traje! ¡Qué obra maestra, nunca había visto cosa igual! Entonces el rey ante tan estruendosa ovación, caminaba con más gallardía y arrogancia al son del tambor; parecía un pavo real sin plumas…desnudo en pelotas, báculo en mano, cerviz endurecida y erguida.

Pero en medio de esa gran algarabía de halagos, adulaciones, idolatría y lisonjas, se escuchó de pronto la voz de un niño que gritó a todo pulmón: ¡El rey está desnudo!…
Creo que el cuento de este escritor danés, Hans Christian Andersen, sigue siendo emulado en pleno siglo XXI y tal vez en los venideros. El miedo a pasar por ignorantes, a hacer el ridículo o exponerte al qué dirán, a veces te lleva a aceptar y participar de una mentira que no soporta la contundente evidencia de la verdad que tu perfectamente conoces; y no solo eso, sino que la confirmas diciendo: ¡es verdad!

Es probable que a veces te encuentres imbuido en esos submundos de vanidad que te embarcan en el puerto del engaño para descubrir toda una gama de ámbitos: religiosos, políticos, culturales, donde ni el etcétera escapa de ser parte de una persistente falsedad. Un ejemplo de ello es el Arte que fue clonado y sustituido por otro nombre llamado “arte”; que tiene las mismas vocales y consonantes, pero nada tiene que ver con el Arte.

Un día en una Bienal muy prestigiosa y famosa de Arte Contemporáneo a alguien se le ocurrió mostrar su propuesta “artística”; un perro de tres días de muerto que yacía putrefacto en medio de la sala expositiva. El jurado quedó tan prendado de semejante “maravilla” que decidieron unánimemente darle el Gran Premio a semejante aberración. La gente cuando llegaba a la sala, por supuesto con la nariz tapada, exclamaba cosas como esta: ¡Que genialidad! ¡Revolucionario! ¡Qué creatividad! ¡Esto es una maravilla! ¡Esto si es arte! ¡Increíble, hasta el olor es parte de la propuesta! ¡Qué extraordinaria obra de arte!

Otra instalación de este tipo de arte de vanguardia, que así le llaman, presentaba a un hombre (“el artista”), desnudo dentro de una caja de vidrio llena de excremento humano. Los críticos y curadores de “arte” no se hicieron esperar; bombardearon todos los medios de comunicación proclamando a los cuatro vientos: ¡Ha nacido el genio del siglo XXI! Por supuesto “el genio” es el artista que estaba metido en el excremento. El público tampoco se hizo esperar, ovacionandocon todas sus fuerzas al genio sembrado en las heces… ¡Es único! ¡Esto si es arte! Realmente el público estaba muy conmovido, a punto de llorar de tanta emoción… ¡Dejo atrás a los maestros; este es maestro de maestros!

Esta historia parece ser sacada de una fábula donde nos volvemos a encontrar frente a frente con los dos rufianes sastres que parecen haberse mudado al siglo XXI. Lamentablemente no lo es; es parte de una realidad cargada de ignorancia y disfrazada de inteligencia….

Pero en este teatro de la vida aún no baja el telón. Ahora vemos un personaje victimizado: el coleccionista que ha comprado “obras de arte”. Pero lo que este hombre adquirió no fueron obras de arte sino desechos y basura propiamente dicha, por las cuales pagó grandes sumas de dinero, precios inflados bajo la dirección mal intencionada de un curador que necesita ser “curado” por falta de ética. El coleccionista, de esta manera se convierte en cómplice involuntario de este engaño. Mark Twain decía: “Es más fácil engañar a alguien, que convencerlo que ha sido engañado”.

Probablemente has perdido una gran cantidad de dinero y no lo puedes recuperar; pero lo que si puedes recuperar es tu dignidad, tu integridad que va más allá de todo precio. Es tiempo de exponer la luz de la verdad en medio de esta oscura falsedad. Tal vez en alguna ocasión te ha tocado aceptar algo con lo que no estás de acuerdo, o simplemente lo haces porque en ese momento no tienes otra opción, o crees que es lo que más te conviene. Pero dentro de ti de
repente te encuentras con un vacío de integridad que te confronta con el más poderoso enemigo: ¡TU MISMO! Y dices en tu corazón; ¿Qué estoy haciendo?

Deja que el niño que mora en tu corazón grite dentro de ti y su voz sea escuchada en medio del vacío, donde la mentira tiene que callar cuando habla la verdad… ¿Y cómo dejamos salir a este niño?… Lo conocerás en la próxima entrega.

“Y conoceréis la verdad y la verdad os libertará”
Código Real Yohanan (Juan 8:31)

“La verdad es como el canto del gallo que te despierta cuando te quedas dormido…”
Jesús Villarreal


YEHOSHÚA (JESÚS) VILLARREAL I.
Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música,
la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y
el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música
José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.
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Avelino Noya
Miembro

Ciertamente El ser humano cuando se da cuenta que esta vacío por dentro rápidamente busca llenar o completar ese vacío con algo,lo que sea, cualquier actividad que lo compense ese vacío o que complazca …..Ciertamente el vacío afecta a muchos…

Angelica Hooi
Miembro

Excelente y muy real!!!
Shalom y muchas gracias por su aportación a nuestros conocimientos
.

MARIBEL ASENCIO AVENDAÑO
Miembro

shalom!!! hermoso el artículo.