MAMÁ, NO ESTÁS SOLA.

La vida es una montaña rusa, con subidas y bajadas, con curvas pronunciadas y con caídas libres que te dejan sin aliento…

Cuando te embarcas en la carreta para recorrer el trayecto de tu vida, estas confiada y llena de esperanza,  emocionada porque estás a punto de  vivir tus propias experiencias, tienes la plena seguridad que será un recorrido placentero  y lleno de sorpresas agradables;  sin embargo en muchos casos de vida, la montaña rusa se vuelve una pesadilla; llevándote al límite de lo aceptable y  poniendo a prueba tu  fe y tus convicciones, conduciéndote al extremo de tomar decisiones que cambiaran el rumbo de todo aquello que habías planeado  cuidadosamente  y  así, en una de esas curvas inesperadas de la vida,  me di cuenta que me había quedado SOLA y con dos niños que estaban más desconcertados que yo.

A partir de ese momento,  empecé a vivir dos realidades: por un lado debía tener  fortaleza y firmeza para criar a mis hijos  bajo los principios y valores con los cuales  yo había sido criada y por otro lado, completamente opuesto,  estaba quebrada emocionalmente  luchando contra un sentimiento de soledad que intentaba apoderarse de mi mente y gobernar en ella.

Las rupturas de pareja, los divorcios especialmente son acontecimientos no planeados  que dejan grandes secuelas en la vida de las personas, ni que se diga cuando hay niños de por medio, el dolor es irreparable y no hay marcha atrás; así los padres vuelvan a reconciliarse, las cicatrices quedan talladas en el corazón  del niño. El sentimiento que ahonda las emociones de la madre y de los hijos es de soledad y de temor, frente a la nueva realidad que les tocara vivir.

A pesar del dolor y el malestar que  atraviesas en esa etapa de tu vida, debes buscar un puerto seguro; en ese momento, en ese  preciso instante en el que estas más vulnerable, es cuando despiertas el niño interior que llevas dentro y clamas al Padre hablándole desde tu corazón y como solo  tú sabes hacerlo, te quebrantas frente a Él  esperando encontrar las respuestas y  las acciones que debes realizar  para alivianar el dolor; pero la respuesta no es inmediata,  es un proceso que debes afrontar cultivando tu  fe día a día y en el tiempo que sea necesario.

Llegará un momento  en el  que despertarás y sentirás que el dolor ya no es tan intenso, haz desarrollado una nueva forma de vida y haz dado paso a  un nuevo ciclo; el tiempo no ha pasado en vano,  las heridas empiezan a cicatrizar y el dolor es cada vez menor, miras a tus hijos y te das cuenta que ellos también han crecido y  han sobrevivido a la caída libre de la montaña rusa.

Los niños se vuelven  adolescentes y es justo y necesario que compartan más tiempo con su padre; cada vez que se iban los despedía  feliz, y aunque ellos no tenían idea del dolor que eso me causaba,  una vez que cerraba la puerta  de mi habitación me invadía  un vacío profundo, ellos recién se van a enterar  de eso al leer este artículo  porque siempre  disimulé  mi dolor con bromas y mucha sonrisa.

Todo esto es parte del combo divorcio, viene incluido en el paquete y toca aceptar si no quieres pasarlo peor de lo que ya es. La educación de los hijos es una tarea compartida de los padres, repito: ¡de los padres! no del colegio, no de los abuelos, no de  la sociedad.

Como madre e hija del Creador, debes formar a tus hijos con principios y valores bien establecidos, sin excusas de que tuvieron una infancia difícil, o  que su padre los abandonó, o que por tu trabajo no tuviste tiempo, o que aún son muy pequeños o que ya están muy grandes. No podemos ser inconscientes y desligarnos de la responsabilidad de educar buenos ciudadanos para el país y el mundo, con las redes sociales virtualmente desaparecieron las fronteras.

Tampoco es recomendable que acudas a llamar a su padre para que los reprenda cada vez que ellos hacen alguna malcriadez que tú no puedas manejar;  no le pases la responsabilidad  de educar a tus hijos a alguien que no pudo ser responsable en su compromiso del  “¡Si, acepto. Para toda la vida!”. Él tendrá su tiempo para educarlos cuando ellos estén con él.

Cuando tus hijos están contigo, es tu responsabilidad enseñarles el camino de una vida armoniosa; así tú estés toda rota por dentro, es tu obligación  con ellos demostrarles que frente a las adversidades  se  responde  con buena  actitud, y al final del día, después de darles las buenas noche  te vas a tu habitación, cierras la puerta  y  aprendes a curar tus heridas en tu intimidad; porque es en esa intimidad  con tu dolor que buscas al Creador,  ¡ahí  encontraras tu fortaleza: Mamá, no estás sola!

Déjame decirte lo siguiente, ningún diamante  es diamante sin antes haber sido carbón y ese horrible dolor y malestar que sientes por la situación que estás atravesando es tu  “Estado Carbón”  pasando por el proceso  de transformación para llegar a SER una hermosa piedra  preciosa.

Mejor explicado, después de sentir ese dolor en el nudo de tu estómago, acompañado  de miedos y creencias de yo no puedo,  yo no  soy capaz,  yo no soy suficiente, etc. al final de ese túnel negro te das cuenta que  el dolor esta y estará ahí un buen tiempo, pero sufrir y victimizarse por los hechos es decisión propia.  Para algunas puede parecer duro y complejo lo que estoy tratando de explicar, pero para aquellas que  vivieron esta etapa  se dan cuenta de que ¡Sí! la pasaron mal, pero ese no fue el punto final de su historia, sólo fue un punto y aparte, que la vida continúa y que  eres capaz de construir un final feliz con la fortaleza y  la bendición que te brinda «Nuestro Padre Creador».

¡Gracias por leer este artículo!

Si te gustó, te invito a visitar mi página web: www.sisihenicke.com y a dejarme tus datos, dentro de los próximos días estaré lanzando un reto para todas aquellas mujeres que quieran dejar a un lado su historia triste y reinventarse en su mejor versión. ¡Shalom!

Sisi Henicke

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Patricia Geraldine Arana Granda
Miembro

Gracias Sisihenicke!! Dios siempre puso en mi corazon que tendria un final feliz y no veia como, ahora despues de muchos anos Dios me habla atravez de ti … Bendito sea Hashem por siempre su misericordia.